Ganadería
El mayor matadero de Europa ya tiene su acampada de protesta

El 25 de mayo una protesta marchó desde el centro del Binéfar (Huesca) hasta las puertas del mayor matadero de Europa, actualmente en las últimas fases de construcción. En las instalaciones se pretende matar a 32.000 cerdos al día, más de siete millones cada año. El colectivo Stop Macromatadero de Binéfar ha organizado una acampada permanente frente a las obras.

31 may 2019 17:00

El sábado 25 de mayo se escucharon en las calles del pueblo oscense de Binéfar los cánticos clásicos de las manifestaciones antiespecistas. Entre frases como “respeto y libertad, para los animales” o “abajo los muros de los mataderos”, se corearon otros específicos para este foco de lucha: “Grupo Pini: mafia y explotación” o “Piero, Piero, yo no te quiero”. Los nombres hacen referencia al grupo promotor que está detrás de la construcción de un matadero en el pueblo y su dueño, Piero Pini, acusado en Hungría —donde fue detenido recientemente— y Polonia de diversos delitos fiscales y laborales. 

Tras recorrer el pueblo y unos dos kilómetros más de marcha por la carretera nacional, la protesta llega a las puertas del matadero, donde se lee el manifiesto en el que se denuncia no solo la "masacre" que se llevará a cabo durante 20 horas al día en este centro, sino el impacto medioambiental de la ganadería y la industria animal en el territorio a causa de los monocultivos para pienso, los purines o las carreteras y accesos para permitir el tránsito constante de camiones. Entre las denuncias de los activistas, la explotación laboral y trabajo precario que suele ser norma en los mataderos, también en los gestionados por el grupo Pini en países como Italia, Hungria o Polonia.

Acabada la marcha, la comitiva cruza la carretera para llegar a un parque en desuso donde se ubica la acampada permanente contra el matadero. Esta arrancó el pasado 9 marzo, inspirada en parte en la entonces vigente acampada en Arraijanal —un campamento organizado para defender la última playa natural de la ciudad de Málaga, amenazada por la expansión urbanística— y otras experiencias similares como las ZAD (Zone À Défendre) en Francia o el bosque okupado de Hambach en Alemania.

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Desde ese día ha ido entrando y saliendo gente de la acampada. Algunos se han quedado unos días, otros periodos más largos de tiempo. A diferencia de las ZAD o de la protesta de Hambach, que al ser espacios naturales y amplios permiten que la permanencia sea en los propios espacios que se pretende proteger, bloqueando el acceso a maquinaria y trabajadores, la acampada no está en el propio terreno del matadero. Sin embargo, la posición cercana a las instalaciones les permite servir de foco de atención y denuncia, lugar de confluencia de personas unidas por su rechazo a este proyecto y la organización de actividades que sí bloqueen el acceso, como se hizo a principios de abril con la “vegancha”, unas jornadas organizadas en Binéfar, con varias charlas y talleres a lo largo del fin de semana a las que asistieron más de 40 personas. También se realizó una acción en el matadero, que consistió en bloquear pacíficamente su entrada. A las 7h de la mañana se formó una cadena humana que aguantó hasta las 14h aproximadamente, bloqueando el tránsito durante esa mañana.

“Desde luego, no es una vida de lujos, pero la verdad es que estoy contenta, especialmente por toda la gente genial que estoy pudiendo conocer. Por aquí pasa mucha gente, aunque sea solo un día o un finde. Gente muy diversa, con muchas historias que contar, ideas que compartir y habilidades que aportar”, explica Maite, que lleva en la acampada desde que esta arrancó. “Han venido personas de todo el Estado, gente de Francia e incluso una persona de Latinoamérica que se dirigía a Hambach y paró por aquí. Aunque el fondo sea extremadamente trágico [señala al macromatadero] y ojalá no hiciese falta estar aquí, esto es una experiencia de convivencia y relaciones muy bonita”, concluye.

mayor matadero europa 3

La oposición a un proyecto relacionado con algo tan propio de la región hace que la relación con el pueblo sea complicada. “Aquí hay mucha gente que vive de la explotación animal o la siente como parte de su identidad, tan solo hay que mirar alrededor: a un lado del matadero hay una fábrica de pienso, al otro una granja de vacas, detrás un coto de caza y en cualquier dirección no vemos más que cultivos para pienso y granjas”, describe Maite. Esta relación complicada se ve ejemplificada en los insultos y pitidos que se oyen de vez en cuando desde los coches que pasan al lado de la acampada y, en su caso más extremo, en las agresiones que han sufrido. Los activistas afirman que en varias ocasiones se han acercado personas y les han lanzado piedras, intimidado con vehículos e insultadoa la vez que lanzaban gritos como “arriba España”, “idos a vuestro pueblo” o “viva Vox”.

A pesar de la referencia a Vox en los gritos lanzados por la gente que ataca la acampada, una porción muy importante de la mano de obra en mataderos la componen inmigrantes y personas racializadas, debido a la dureza y condiciones precarias que se viven en estos centros de trabajo. No hay bastantes personas paradas en la comarca de la Litera —paro total de 629 personas en abril— para cubrir las necesidades de mano de obra el matadero. Precisamente son estos puestos de trabajo el argumento principal de la empresa, el ayuntamiento y el gobierno de Aragón a la hora de defender este megaproyecto. Puestos de trabajo ocupados por personas a las que están teniendo que buscar en un área cada vez más grande, sobrepasando incluso el ámbito provincial, reclutando a gente de la provincia de Lleida.

El motivo que ha llevado al grupo Pini a establecerse en esta zona no ha sido la abundancia de mano de obra, sino la de cerdos, con siete cerdos por cada persona en Aragón. Esta alta densidad de granjas permitirá aumentar los beneficios del grupo al abaratar costes de transporte.

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Pero no todo el mundo está a favor del macromatadero. “Hemos estado en el pueblo repartiendo información sobre veganismo y el proyecto, también organizamos una mesa redonda sobre estos temas y nos hemos encontrado con gente de todo tipo, incluyendo personas interesadas en el veganismo, como un par de jóvenes que comentaron que les interesó venir porque era el primer evento relacionado con el veganismo que se hacia en su pueblo”, explica una de las activistas de la acampada. “Hay mucha gente que, sin ser antiespecista, no apoya estos proyectos y ve el daño que causan al mundo rural. Incluso unas alumnas de un instituto de Binéfar organizaron una concentración contra el matadero durante el tiempo de recreo, algo que nos parece increíble y muy esperanzador”, continúa. 

Desde la acampada consideran que esta tiene que seguir en pie, aunque para ello es necesario que siga viniendo gente: “Que nos contacten si tienen cualquier duda y que no se lo piensen, toda persona que crea en un mundo mejor para todas las especies es bienvenida aquí. Invitamos a quien tenga ideas de acciones o actividades para realizar aquí, como las que se hicieron en la vegancha, o lo que se les ocurra, a proponerlas y organizarlas. También es muy importante difundir la situación y denunciar el macromatadero. Las 32000 vidas que este centro arrebatará todos los días merecen nuestro esfuerzo”, señala Maite.

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